lunes, 6 de julio de 2009

Crónica de una muerte anunciada


De nuevo el fútbol colombiano se tiñe con sangre. Una historia que parece nunca acabar. Ahora los roles se invirtieron: fue un jugador quien asesinó a un hincha.

Si pensamos en muertes en el fútbol colombiano, casi instantáneamente se nos viene a la memoria el desaparecido Andrés Escobar, ultimado a tiros tras anotar un autogol en el Mundial de Estados Unidos '94. Un hecho que a todas luces fue exagerado e injustificado.

La historia es así: el Junior de Barranquilla tenía que disputar la final de la Copa Mustang 1 ante Once Caldas. Los tiburones buscaban su sexto título, mientras que los albos, su tercero. En la ida, jugada en Manizales (casa de Once Caldas), éstos ganaron 2-1. La vuelta, jugada en el estadio Metropolitano de Barranquilla, terminó con un claro 3-1 a favor de la visita. El resultado global establecía el 5-2 que le dio el título a los blancos.

En la mañana de este domingo, el volante de Junior Javier Flórez (foto), conducía su auto por un barrio de la ciudad de Barranquilla, cuando un grupo de hinchas comenzaron a recriminarlo por el título que su equipo había desperdiciado una semana atrás. A tal punto llegó el enojo de Flórez, que bajó de su vehículo con una pistola, y simplemente disparó al grupo. Dos de esos disparos dieron de lleno en Israel Campillo, de 27 años y profesión electricista. Murió en el lugar.

Flórez escapó a pie, mientras los amigos de la víctima y otros testigos destruían por completo el auto donde se movilizaba el futbolista. Horas más tarde, el mismo victimario se entregó a la Policía, y ahora espera su condena por homicidio.

En Colombia pareciera que el tema va más allá que en otras partes del mundo. Uno puede entender la pasión que se genera en Argentina, donde el público debe ser el más enfervorizado del mundo, o en Italia, cuyos "tifossi" también se caracterizan por su alto grado de emoción en los partidos. Pero en el país cafetero los límites se sobrepasan; sin dudas hay un problema de idiosincrasia. El narcotráfico lamentablemente es quien gobierna allá, y es ese mal el que, como vemos, trasunta a otras esferas, en este caso el fútbol. No digo que el narcotráfico sea el culpable de que Flórez matara al hincha, pero claramente la inseguridad que se vive en Colombia obliga a que algunas personas vean en las armas la única manera de vivir "a salvo". Triste realidad.

¿Cuántas muertes más llorará el fútbol colombiano? Un fútbol atractivo, ofensivo, que siempre se ha caracterizado por su alegría y por grandes figuras de la talla del Pibe Valderrama, Leonel Alvarez, Faustino Asprilla, el Patrón Bermúdez, Iván y Oscar Córdoba, René Higuita, entre otros, pero que sin embargo se ha manchado tantas veces con sangre de víctimas, muchas de ellas inocentes. Lamentablemente parece ser un problema sin solución.   

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